Para muchas empresas, innovar suele parecer un proceso complejo y prohibitivo en términos de tiempo y presupuesto. Montar áreas internas de investigación y desarrollo (I+D) o laboratorios especializados exige una alta inversión inicial que no garantiza rentabilidad, convirtiéndola en una apuesta de alto riesgo donde no toda idea logra transformarse en un producto comercializable. A esta incertidumbre se suma el desafío del «bien público»: la dificultad de evitar que los competidores copien y se apropien de los beneficios de la innovación si esta no cuenta con una protección legal costosa, como las patentes. Ante estas barreras estructurales y fallas del mercado, la mayoría de los negocios decide frenar o evitar por completo sus inversiones en este campo.
Afortunadamente, existen alternativas estratégicas que permiten obtener beneficios similares sin comprometer la viabilidad financiera de la organización. Aquellas empresas con grandes ideas, pero sin los recursos para costear la investigación necesaria para materializarlas, pueden apoyarse de manera eficiente en agentes externos especializados. Estos aliados brindan una amplia gama de soluciones prácticas, tales como la I+D por encargo, el diseño e ingeniería de nuevos productos y la capacitación técnica especializada; un ecosistema de colaboración que se engloba bajo el concepto de servicios de extensión y transferencia tecnológica (SETT). Ante este escenario, surge la gran interrogante: ¿apostar por esta vía externa realmente logra disparar el potencial innovador de los negocios y actuar como un motor decisivo para acelerar el crecimiento de la productividad?
Precisamente esta es la interrogante que abordo en mi reciente artículo publicado en la revista Notas Económicas de la Universidad de Coimbra. El estudio, titulado The Role of Technology Extension and Transfer in Firms’ Innovation and Productivity in Peru, se basa en mi tesis de maestría y utiliza datos de la Encuesta Nacional de Innovación (ENI). A partir de esta sólida evidencia empírica, mi propósito es trazar una hoja de ruta clara, validada y directamente aplicable para impulsar la innovación en el sector empresarial, especialmente de la micro y pequeña empresa. Pero antes es necesario conocer algunas definiciones:
- Investigación y Desarrollo (I+D): Trabajo creativo y sistemático para incrementar el conocimiento de una organización y encontrarle nuevas aplicaciones prácticas. Exige novedad y sistematización, aunque sus resultados comerciales sean inciertos.
- Innovación: Introducción exitosa en el mercado o en la operación interna de un producto o proceso nuevo o significativamente mejorado. A diferencia de la simple invención, exige una aplicación comercial y práctica real.
- Productividad: Nivel de eficiencia productiva de una empresa. En este estudio se evalúa específicamente la productividad laboral, calculada a través de las ventas netas generadas por cada trabajador.
- Servicios de Extensión y Transferencia Tecnológica (SETT): Soluciones intangibles adquiridas externamente para fortalecer las capacidades de innovación. Se dividen en:
- Transferencia Tecnológica: Transmisión de descubrimientos científicos y derechos de explotación desde centros generadores de conocimiento hacia las empresas para su desarrollo comercial.
- Extensión Tecnológica: Asistencia directa, enfocada en las MYPEs, orientada a modernizar la gestión y facilitar la adopción de tecnologías aplicadas y maduras.
- Capital de Conocimiento: Valor económico del conocimiento tecnológico acumulado por una organización. Actúa como el puente entre el gasto en investigación (insumo) y los resultados tangibles (producto final).
- Innovación Abierta: Modelo colaborativo donde las empresas se apalancan en el conocimiento de agentes externos (proveedores, clientes o centros tecnológicos) al mismo tiempo que desarrollan sus propias competencias internas.
El modelo clásico propuesto por Crépon, Duguet y Mairesse (CDM) describe la innovación como un proceso secuencial: la empresa decide invertir en Investigación y Desarrollo (I+D), determina el monto, y esto genera resultados innovadores que finalmente impulsan el rendimiento comercial. Sin embargo, la acumulación de este capital de conocimiento no depende exclusivamente del esfuerzo interno. Como ilustra el esquema siguiente, los agentes externos juegan un rol fundamental en la fase previa a la innovación. Los servicios de extensión y transferencia tecnológica (SETT) y la I+D externa alimentan directamente el capital de conocimiento de la empresa mediante mecanismos prácticos, como el aprendizaje por capacitación o la contratación. De esta forma, el ecosistema externo se integra al flujo como un insumo válido y equivalente a la I+D interna para detonar el éxito innovador y el desempeño empresarial.

Una de las conclusiones empíricas más reveladoras de la investigación es que innovar no exige un presupuesto millonario ni la construcción de un laboratorio especializado y costoso. Para demostrar esto con rigor, el estudio adaptó el reconocido modelo CDM y empleó técnicas de propensity score matching (PSM). Esta metodología permitió comparar de forma exacta el desempeño de las empresas que adquieren servicios externos frente a un grupo de control con características similares, eliminando así el sesgo estadístico. Los resultados confirmaron que la inversión SETT incrementa significativamente la probabilidad de lograr innovaciones en productos. Más allá del simple lanzamiento de una novedad, la investigación demuestra que esta estrategia colaborativa actúa como un motor clave para el crecimiento de la productividad empresarial.
Al apoyarse en los SETT, las compañías no solo logran innovar sin requerir un gran presupuesto inicial, sino que alcanzan un éxito comercial tangible: el estudio evidenció un incremento directo en el porcentaje de ventas totales provenientes de estos productos innovadores. En última instancia, esta rápida asimilación de know-how externo se traduce en una mejora medible de la productividad laboral (ventas por trabajador), demostrando que el conocimiento de terceros es el verdadero catalizador para escalar un negocio en el mercado actual.
No obstante, la investigación también revela los límites de la dependencia externa, puesto que los rendimientos de esta inversión son decrecientes a medida que aumentan los montos destinados a dichos servicios. Para identificar este límite con exactitud, el estudio aplicó el método estadístico de Generalized Propensity Score (GPS), el cual calcula una función de «dosis-respuesta» que ilustra cómo reacciona la innovación ante cada sol adicional invertido. Los resultados muestran que la inversión en servicios de extensión y transferencia tecnológica (SETT) provoca un aumento rápido en la probabilidad de innovar, pero alcanza un punto óptimo de saturación alrededor de los 8,000 soles invertidos por trabajador. A partir de este umbral, el impacto positivo cae, ya que un exceso de externalización eleva los costos de coordinación y limita la capacidad de la empresa para asimilar y desarrollar su propio conocimiento. Por el contrario, la gráfica demuestra que la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) interna tiene un comportamiento distinto: mantiene una tendencia de crecimiento que se acelera significativamente justo después de cruzar ese mismo umbral de los 8,000 soles.

Toda esta evidencia demuestra que la jugada más inteligente para los negocios, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, es aplicar una estrategia de innovación mixta y evolutiva. En una fase inicial, cuando los recursos son limitados, la clave está en apalancarse en los servicios externos para innovar de forma rápida, accesible y con un riesgo financiero mucho menor. Posteriormente, una vez que la empresa ha logrado consolidar una base sólida de conocimiento, asimilado el know-how de sus proveedores y alcanzado un nivel de crecimiento que demanda mayores inversiones tecnológicas, estará finalmente preparada para dar el salto definitivo hacia el desarrollo de su propia investigación interna.


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